Time of my life...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Ella tiene la culpa.

Llegas del trabajo cansado y asqueado. Ves que, de nuevo, la cena está sosa, eso te molesta. El ruido de los dibujos animados que tu hojo está viendo en el televisor se amontona en tu cabeza. El pensar en tus quehaceres laborales y en la crisis económica te aterra. Te estremece que en el trabajo hagan reducción de plantilla. Tu mujer, la misma que ha estropeado la cena, entra en la cocina con tu camisa del trabajo desteñida.

Ya está. Ella, la gota que colma el vaso, como siempre.

Hoy ha estropeado una prenda del trabajo, con lo importante que es y parece que a ella le da igual. Comienzas a gritarla, a pedir explicaciones, porque ella tiene la culpa. Con lo fácil que es hacer las cosas bien ¿No? Ella tiene que hacerlo mal.

Intenta explicarse, argumenta que ha estado liada con "las cosas de casa" ¿De casa? Es ELLA la que no comprende lo complicado que es tu trabajo ¿Verdad?

Se disculpa pero no es suficiente, para ti nunca es suficiente, así que la pegas, para que aprenda ¿No es así?

Tu mujer llora. Eso te irrita más, su llanto, el de ella. Es ella la que tiene la culpa, porque provoca tu irritación, así que vuelves a pegarla, pero más fuerte, para que se comporte un poco.

Pero ella tiene miedo de ti, sobre todo pos vuestro hijo. Eso te molesta más que su llanto, no debería desconfiar de ti porque sólo quieres enseñarla, amaestrarla, pero ella no te entiende, como siempre ¿Ella tiene la culpa dirías? Por lo que vuelves a pegarla, repetidas veces y cada golpe más fuerte, para que no se repita. Quieres acallar su llanto ¿Por tu bien y por el suyo?

Pero esta vez tus golpes han sido mortales. Ella ya estaba débil, tenía múltiples hemorrágeas internas, porque tú, desde hace ya varias noches, has intentado "enseñarla", porque tus enojos y tu sentimiento de culpa los provocaba siempre ELLA ¿Verdad?

Una relación que tiene una estructura social fundamentada en el vasallaje y con falta de respeto no funciona.
Pero claro, para ti es más fácil engañarte a ti mismo antes que reconocer tus errores.

FIN

jueves, 29 de octubre de 2009

Oscuridad en Halloween

Sentada en mi cama, embozada en mi manta y abrazando un cojín carmín. Tiemblo. Un frío interior me sobrecoge. Me arropo más con la manta, intentando tapar cada superficie de mi piel que no estuviera cubierta, pero nada, mis esfuerzos son nulos.

Frío, frío, frío, más frío, sólo frío ¡NO ESPERA! Calor, ¿o frío? No, calor, sí, calor. De repente me sobreviene una oleada de calor por todo el cuerpo y comienzo a sudar, el camisón se adhiere a mi piel como si estuviese cargado de electricidad estática. Arrojo con impaciencia la manta a una silla de la habitación y miro el reloj.

Es la hora.

No sólo eso. Ha pasado media hora. Tras barajar las posibilidades, plantearme si ir a la cocina o no y mentalizarme del esfuerzo que me iba a costar, decidí despedirme de mi cama e ir a la cocina, pero al levantarme y ponerme en pie se me fue la cabeza, las piernas me fallaron y me senté de golpe en la cama unos minutos, esperando recuperar un poco mis fuerzas para no caer desplomada en la alfombra.

Cuando pude, me acerqué a abrir la puerta y titubeé. No había salido de la habitación en 2 días por la fiebre que llevaba arrastrando desde el jueves.

Por fin me decidí por abrir la puerta y la luz de mi habitación iluminó el pasillo con un resquicio de luz. Asomé la cabeza tapando parcialmente esa ranura luminosa y grité:

- ¡¿Hola?! ¡¿Hay alguien?! ¡¿Mamá?!

Silencio fue la única respuesta. No había nadie ¿Porqué no había nadie? Me daba miedo salir a la oscuridad. Siempre me ha dado miedo la oscuridad, sobre todo la noche de Halloween, la noche más oscura del año, eso nunca me había seducido, y hoy era esa noche. Sábado 31 de Octubre. Halloween.

En esos momentos, en ese día, me aterraba ir a ningún lado, y más aún cruzar el umbral que me llevaría al oscuro pasillo para llegar hasta la cocina, pero tenía que ir. Mi cuerpo no aguantaría mucho más los cambios de temperatura corporal producidos por la fiebre, necesitaba tomarme la medicina.

- Cogeré el móvil- me dije a mí misma.

El móvil iluminaría mínimamente el recorrido hasta la cocina, y además, para estar más tranquila, siempre podía girar para ver la luz de mi habitación proyectándose en una porción del pasillo y quedarme más tranquila. No paraba de preguntarme porqué no había luz en esta parte de la casa, porqué sólo había en las habitaciones. Con estas circunstancias me costaba muchísimo moverme por la casa, de día menos, pero de noche más, y en Halloween era como revivir mis peores pesadillas.

Torpemente, con la poca luz que proporcionaba el teléfono y girándome cada vez que me agobiaba, llegué a la cocina y pude encender la luz. Abrí el armario que estaba encima del microondas, aparté el bote de cacao dejándolo en su sitio (mi madre siempre hacía lo mismo), moví un botecito de canela y otro de pimienta, alargué el brazo al fondo y ahí estaba mi medicina. Saqué una pastilla efervescente, y dejé que burbujeara, bailara y se deshiciera en un vaso de agua tibia.

Al terminar el baile etéreo de las burbujas en el agua, me bebí el contenido del vaso y comencé a prepararme mentalmente a mi misma para volver a la habitación.

Todo iba bien hasta que repentinamente se fue la luz. Todo a mi alrededor se vino abajo. Me quedé paralizada, no sabía que hacer.

Mi único impulso fue alargar los brazos hacia la oscura nada en busca de una pared. Estuve un buen rato tanteando en el aire y escudriñando en el infinito, hasta que toqué algo macizo, la pared. Miré a todas partes y no vi nada en la noche más oscura del año. De repente tuve la sensación de que un hombre en la oscuridad se abalanzaba sobre mi, presa de pánico lo único que pude hacer fue agazaparme en el suelo y hundir mi cabeza en las rodillas para esperar a que pasara todo y coger aire como bien pudiera.

Casi sin darme cuenta, me percaté de que estaba hiperventilando, y lo peor es que desde ese momento todo fue peor, porque me faltaba el aire más que nunca, me agobié con una sensación de estar rodeada de miles de manos que se aproximan a mí en la oscuridad, notaba a todas en torno a mí… monstruos, seres, fantasmas… todo invadía mi espacio vital, me despojaban del poco aire que me quedaba hasta el punto de que el demonio de lo perverso me arrebató todo. Mi cabeza comenzó a darme vueltas, mi temperatura subió, el calor se apoderó de mi cuerpo de una forma inhumana, bárbara y salvaje, el mundo se arremolinó a mi alrededor, me sentía en medio de un agujero negro, no tenía fuerzas ni para gritar o siquiera pedir ayuda, y me desplomé en el suelo.

Desperté y me dirigí a mi habitación un poco mareada. Aún tenía fiebre. Cogí mi manta de la silla, trepé a mi cama y me tumbé arropada. Comencé a reflexionar en mis cosas. Casi sin apenas percatarme, sumida en mis pensamientos, terminé sentada en mi cama, embozada en mi manta y abrazando un cojín carmín. Tiemblo. Un frío interior me sobrecoge. Me arropo más con la manta, intentando tapar cada superficie de mi piel que no estuviera cubierta, pero nada, mis esfuerzos son nulos.

Frío, frío, frío, más frío, sólo frío ¡NO ESPERA! Calor, ¿o frío? No, calor, sí, calor. De repente me sobreviene una oleada de calor por todo el cuerpo y comienzo a sudar, el camisón se adhiere a mi piel como si estuviese cargado de electricidad estática. Arrojo con impaciencia la manta a…





lunes, 21 de septiembre de 2009

El run-run de la ventana.


"Al otro lado de la ventana hay vacío, oscuridad. A pesar de ello, ésta consigue reflejar el bullicio, el murmullo, el alboroto, el run-run. El run-run de todos los días. Refleja ese hastío, esas ganas de salir o cuanto menos vivir un momento más ameno que el que sea posible vivir en mi habitación, un cuchitril de tres al cuarto.
La ventana, esa ventana lo refleja todo, refleja la molestia de quien quiere, impacientemente, huir lejos de esta pesadez de palabras sin control con las que me bombardean a diario; el ansia de libertad. La molestia del run-run. El run-run de la gente aburrida, de quienes son incapaces de contener sus palabras y guardarlas a la salida. La ventana lo refleja todo.
Todas las palabras vuelan, salen de las bocas, salen disparadas como balas al aire, allí, por encima de mi cabeza, se acumulan y caen, caen como las hojas en otoño, pero me pesan, como si todas intentaran acumularse dentro de ella, pero no pueden, y rebotan.
El run-run no es como la música, que entra en tu cabeza, se desliza en ella y va atenuándose hasta disiparse lentamente; no, estas palabras de las que os hablo, las del run-run, entran, rebotan, saltan y no terminan. El run-run, ese run-run bailando sin control en mis oídos.
Miro la hora. Rabia. Impaciencia. Ansia. Me llevo las uñas a la boca. Sé que no debería, mal vicio, pero quiero dejar de oír el run-run. Esas palabras, esas voces, quiero acallarlas. En mis labios sólo se alcanzaría a leer blasfemias.
No puedo más. Cierro la ventana, a ver dejo de oír el run-run. No sirve de nada. Sigo ollendo las voces, ¿POR QUÉ? Se están riendo de mí, sí debe ser eso, se ríen de mí. Me dijeron que me ayudarían, pero sólo querían reírse de mí. Como todos. Son todos iguales, pero yo lo voy a solucionar. El run-run no me atormentará nunca más."



[...]

"-Encontramos esta nota al lado de los cadáveres de tres psiquiatras en el "Manicomio Clinwhouse". Al parecer la asesina, una interna del centro, murió tras saltar por la ventana. Después de que el forense analice los cuerpos tendremos más información acerca de los hechos. Hasta entonces no podemos aportar más detalles a la prensa."

Esto es lo que el agente Wayman nos pudo contar hacerca de lo sucedido en la escena del crimen. Al parecer la asesina padecía un transtorno [...]

Noticia ofrecida por John Nimph para el "Diario Swansea"


viernes, 26 de junio de 2009

Fuego

Tan natural,


tan libre,


tan incontrolable,


tan vehemente,


tan poderoso,


tan ardiente...

domingo, 24 de mayo de 2009

¿Cielo o infierno?


#¿Qué hay que hacer cuando tienes que elegir entre lo que debes hacer o lo que realmente deseas?
Yo siempre fui la más inquieta de mis hermanas, mi madre había veces que no podía conmigo. Siempre me repetía que el Cielo es un lugar de paz y tranquilidad, que me relajara, pero yo siempre he sentido que necesitaba algo que mi hogar no podía darme. Me sentía vacía.
Pero cierto día se abrieron las puertas del Cielo para recibir a un nuevo habitante y mi inquietud pudo conmigo, necesitaba saber que había al otro lado, pero al poner un pie fuera caí.
Caí por los aires y llegué a un lugar que no había visto nunca y me fascinó. Ruido, gente en descontrol, libres de hacer lo que quieran, caos... La Tierra.
Miré todos los recovecos con la curiosidad de un niño jugando con una mariquita por primera vez, pero durante ese tiempo me sentía observada, no sé porque... Sentía una presencia más fuerte que yo y más oscura que la humana siguiéndome.
-¿Quién eres? ¿Porqué me sigues?
-Eres un ángel caído... ¿Qué hace un ser tan puro como tú en un lugar cómo este?
-Experimentar, ¿y tú? ¿Qué eres?
-Digamos... que no soy tan diferente a ti.
Me di la vuelta para ver con quién o qué estaba hablando y me topé con un chico muy misterioso, o eso es lo que diría cualquier humano, pero en él residía una fuerza interior que me atraía, pero era una fuerza oscura, y eso me gustaba más. Me acerqué a él.
-Te veo descontenta con el mundo del que vienes, si quieres te puedo mostrar el mío.
"Atrévete" me dije a mi misma.
Le tendí mi mano y cuando me la cogió, sin darme cuenta, me vi atravesando todo un mundo agarrada a él para llegar a lo que en mi hogar llaman Infiernus.#

#Volví a soñar con ella, llevaba años con el mismo sueño. Esto no podía ser normal. Tampoco podía ser que ella fuera un simple sueño. Es que ella era tan real... tan pura... y parecía tan triste también... Me encantaría ayudarla, pero no sabía que hacer, la busqué por todo Infiernus y nada, ni una sola pluma de sus hermosas alas.
¿Cómo un ser como yo puede preocuparse por una chica así? No es propio de mi naturaleza y si se entera mi padre... Pero me daba igual, DEBÍA ENCONTRARLA.
Tal vez... había estado buscando en el lugar equivocado...
Entonces esa tarde decidí ir a la Tierra, tal vez allí...

Llevaba ya toda la tarde buscando cuando vi caer un ángel, y no penséis que es una metáfora, cayó un ángel literalmente, me fijé y ERA ELLA.
NO PODÍA SER.
Tenía que estar soñando otra vez.
Parecía un poco aturdida y perdida, pero enseguida se quedó fascinada con el mundo que la rodeaba, ruido y gente libre... Parecía ansiar esa libertad. Decidí seguirla hasta que se percatara de mi presencia, mientras tanto yo me deleitaba con su curiosidad por el mundo extraño que la rodeaba.
Al rato me preguntó sin darse la vuelta:
-¿Quién eres? ¿Porqué me sigues?
-Eres un ángel caído... ¿Qué hace un ser tan puro como tú en un lugar cómo este?
-Experimentar, ¿y tú? ¿Qué eres?
-Digamos... que no soy tan diferente a ti.
Se dio la vuelta para mirarme y la pude ver más de cerca. Sí, era ella. Su luz me atraía, pero fue ella la que se adelanto a acercarse. Entonces le dije:
-Te veo descontenta con el mundo del que vienes, si quieres te puedo mostrar el mío.
No sé cómo se me ocurrió proponerle eso, pero algo me decía que es lo que ella necesitaba.
Me tendió la mano y entonces me apresuré cogerla y llevarla a Infiernus.#

#-Me gusta.
-¿Sí? Pensaba que a una chica como tú le daría miedo.
-Este lugar tiene fuerza, es más atrevido y rebosa libertad.
-Puedes quedarte, si así lo deseas.
-¿Porqué quieres que alguien como yo viva aquí?
-Porque he soñado contigo, llevo buscándote años y no pienso dejarte marchar así como así. Eres un ángel caído del cielo. Siempre te he esperado...
Ella se quedó en silencio asimilando lo que él le decía... pero perdió el control de ella misma y le besó apasionadamente, como si llevara esperando ese beso, ese momento, ese lugar... toda su vida.
-Quédate conmigo...
-Pero...
-...por favor- rogó el mirándola a los ojos.
-No sé si debo.
-¿Quieres?
-¡Sí! ¡Claro que sí!- exclamó ella entrelazándole entre sus brazos.
-¡Hazlo! Aquí eres libre.
-¿Qué harías tú?
-Te elegiría a ti. ¿Qué haras tú?
-...


Y al cabo de un tiempo se descubrió a un ángel habitando en Infiernus.#

*Cuando algo siempre va bien, hay algo oscuro, como en el corazón de el ángel, ella tenía una parte oscura. A la par también está el corazón del demonio, había una parte de luz en el corazón de él, por eso siempre que parece que algo va mal, hay un resquicio de luz en lo oscuro (comunmente llamado ver el vaso medio lleno).*

lunes, 4 de mayo de 2009

El Corazón y la razón



*Diálogo entre el Corazón y la Razón:


-No estoy bien. Estoy confuso. Estoy roto

-¿Qué te ocurre?

-Que sufro.

-¿De qué?

-De amor.

-No digas tonterías.

-Sabes que sí.

-De amor no se sufre.

-Sí se sufre, lo sabes bien, yo lo sufro pero tú no quieres verlo.

-No, no es verdad, tú no sufres, estás sobrevalorando algo pasajero. Razónalo.

-Yo no razono, sólo siento, y ahora siento que estoy roto.

-¿Quién te ha roto?

-Otro corazón que sufre como yo, pero no le puedo olvidar porque aún está dentro de mí.

-Estás sobrevalorando algo que tiene menos importancia de lo que crees.

-¿Menos importancia? ¿Acaso hay algo más importante que el amor?

-No más que el amor, pero sí más que ese otro corazón.

-No lo creo, ¿el qué?

-La amistad, mira dentro de ti. Podrás observar que aparte de haber un corazón -pasajero que viene y va y que te hará sufrir, habrá muchos más que te harán sonreír, con los que siempre estarás a gusto. Son tu cura al sufrimiento.

-Tienes razón. Pero, ¿qué hago con el corazón que me hace sufrir?

-Olvídalo. Ya habrá más.

-No es una respuesta clara… sigo confuso… ayúdame.

-De momento reúnete con esos otros corazones y disfruta.




*Pasado un tiempo…


-¡Soy tan feliz!

-¿Sí?

-¡Sí! He encontrado otro corazón que me ama como yo a él.

-Te lo dije. Se te nota.

-¿Pues?

-Me has olvidado.

-¿A quién?

-A mí

-¿A ti?

-A la Razón. Te estás dejando llevar.

-¿Por qué?

-Por el corazón.

-Lógico.

-¿Pues?

-Soy el Corazón.

-Disfrútalo.

-¿Siques pensando en que el amor no es importante?

-Yo nunca he dicho que no sea importante, y de hecho pienso que tú eres importante.

-¿Cómo es que la Razón dice que el Corazón es importante?

-Porque para que haya algo racional debe haber algo irracional.

martes, 21 de abril de 2009

Enterrada.



Ya había oído hablar de ello, había leído historias y relatos como, por ejemplo, el de Edgar Allan Poe, pero es de esas cosas que no piensas que te vayan a ocurrir, o que si te lo imaginas lo niegas continuamente de una forma casi dogmática.
Pero claro, ¿cómo vas a pensar que puedes ser enterrada viva? ¡Sí, queridos lectores! De eso os hablo ¡Enterramiento prematuro! ¡Enterrada viva!
Imaginaos, sólo imaginaos que os despertáis en un lugar oscuro y frío, y que en un intento de levantaros, fracasáis, pues no podéis moveros más de un palmo. Así, imaginaos cómo me siento.
Toqué las paredes. Todo estaba mullido y blando, así que golpear para hacer ruido para que me oyeran sería inútil, aún sabiendo eso golpeé las paredes todo lo fuerte que pude y grité lo que me permitía mi voz, pero nada sirvió, mis esfuerzos fueron inútiles.
¿Sabéis lo frustrante que puede llegar a ser no ver nada pero saber que estás en un ataúd? ¿Saber que estás bajo metros y metros de tierra? ¡Oh, puñetas! Saber que mi cárcel, lo que me quita la libertad, me mantiene todavía con vida y me protege de morir aplastada por la tierra. ¿Lo peor? Saber que el oxígeno se consume, no, ¡lo consumo yo! Cada vez queda menos oxígeno ¿os imagináis saber eso? Qué frustración.

Quiero volver a casa… a mi cama calentita con sábanas suaves…
Un momento, ¿qué llevo puesto? ¿El camisón blanco? ¡Sí! Entonces, me han metido aquí mientras estaba en casa… ¿Qué día es? ¿Acaso es de día? ¿Cuánto tiempo llevo aquí? ¿Cómo he llegado hasta aquí?
Uff… Me duele terriblemente la cabeza, ¿habré sufrido alguna caída, me habrán golpeado…? No sé qué me ha pasado ni por qué estoy aquí. Necesito respuestas, pero mi memoria no da a más.

Empiezo a sentirme cansada, será mejor que no respire profundamente para no gastar mucho oxígeno, aunque cada vez me importa menos… Me da igual si es de día, de noche, cómo he llegado hasta aquí o cómo voy a salir… me da igual… sólo quiero dormir…
...

Una luz… veo una luz… ¡LUZ!
Abro los ojos y estoy en mi habitación.
No puede ser, no puede ser que haya sido un sueño, todo era tan real: olores, tacto, sensaciones… Tengo que contárselo a alguien.
Salí corriendo de mi habitación sin vestirme siquiera y encontré al mayordomo, venía andando hacia mí, le hablé pero me ignoró “Siempre ha sido un poco borde” pensé. Entonces vi a toda la familia reunida en el jardín de atrás “Todos en el jardín y ni me avisan…”. Me percaté de que todos iban a un mismo punto y de que nadie me había dicho nada, teniendo en cuenta que he salido en camisón. Me acerqué donde estaban y miré a un lado y a otro. Vi a mis hermanas llorando y oí que una de ellas decía palabras sueltas entre sollozos “La encontré… biblioteca… suelo… un libro… inconsciente…” y volvía a romper a llorar.
¿De qué hablaba?
Miré al suelo y... no puede ser... vi una piedra en la que estaba inscrito:
::Lucy Curse (1989-2009)::

… yo...
.The End.